El salario mínimo
Un sinsentido más
Siempre que se establece un precio mínimo, se producen las mismas consecuencias. En primer lugar, aparecen excedentes, pues habrá una mayor cantidad de oferta que de demanda. Hay más oferentes de los que habría en el libre mercado. El salario mínimo es un precio mínimo en el mercado laboral. En este mercado, al hablar de oferentes nos referimos a gente que ofrece su tiempo como trabajo, los trabajadores, y los demandantes son aquellos que buscan el tiempo de otros para trabajar para ellos, las empresas. Por tanto, un excedente en el mercado laboral se traduce en desempleo. El salario mínimo ilegaliza trabajar por menos de lo que el gobierno arbitrariamente estima oportuno. Actualmente el salario mínimo interprofesional en España es de 1.166,7 euros al mes. ¿Por qué esta cantidad y no 3000€ al mes). El gobierno no sabe cuánto debería cobrar cada trabajador según sus habilidades, y mucho menos el mínimo en todas las industrias de un país.
La segunda consecuencia de los salarios mínimos son las pérdidas de ganancias. No todos los intercambios voluntarios que se realizarían en el libre mercado se llevarán a cabo, por lo que hay gente que estará peor que lo estaría sin el precio mínimo. Hay gente que está dispuesto a pagar menos por trabajadores y trabajadores dispuestos a cobrar menos a cambio de poder preparar. Ilegalizar que alguien trabaje por menos de una cantidad arbitraria no hace que la productividad de esa persona aumente hasta ese nivel. Lo que causa es que todos aquellos con niveles inferiores de productividad no sean contratados por no salir rentables a las empresas. El salario mínimo interprofesional real es cero, independientemente del salario mínimo interprofesional jurídico. Este—cero euros—es el salario que recibirían todos aquellos cuyo valor descontado de su productividad marginal sea inferir al salario mínimo interprofesional jurídico debido a que el gobierno les impide trabajar por menos de un umbral el cual su productividad actual aún no alcanza. Las empresas tampoco podrán crecer y generar valor como lo harían si pudiesen contratar a estas personas dispuestas a trabajar por menos que el salario mínimo.
En tercer lugar, veremos aumentos innecesarios de calidad. Como los oferentes no pueden competir reduciendo el precio por el que venden su mercancía—en este caso los trabajadores no pueden aceptar trabajar por un sueldo inferior al salario mínimo—estos tendrán que competir ofreciendo aumentando la calidad de lo ofrecido. El problema es que el coste de esta calidad era mayor que el valor para los consumidores de esta. En el mercado laboral esto se traduce en la sobrepreparación de los trabajadores.
Y, por último, veremos una mala distribución de recursos, en este caso porque los trabajadores dispuestos a cobrar menos no pueden entrar al mercado y recibir recursos que de otra manera lo harían al ser la situación óptima para ellos y demandantes. Los afectados por el salario mínimo dejarán de obtener dinero que podrían estar ganando y experiencia que les ayudaría a aumentar su productividad y pronto dejar de cobrar el salario mínimo. Por el contrario, esta medida ayuda a sindicatos a apoyar a los suyos y a políticos a aparentar que sirven y que trabajan.


